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– Si aquí ya no importan los vivos, imagínese los muertos.

La frase sin esperanza que le había dirigido meses atrás un oficial retumbó en la cabeza del sargento Espinosa como si hubiera sido pronunciada en el interior de una catedral. Minutos antes, su asombrada orden había hecho que, en un acto reflejo, el grupo de soldados se pusiera en pie cambiando precipitadamente las latas de carne y los cubiertos de condumio por máusers. 

 

El tiempo de los emperadores extraños

El tiempo de los emperadores extraños

Valoración: 4.gif

Apasionante.

Puede que sea por mi atracción natural hacia el momento hitórico en el que se desarrolla la novela. Puede que sea por cómo está escrita. Puede que sea por la misma trama. Puede que sea por los personajes, sus pasiones y circunstancias. O puede que sea por una combinación de todas las anteriores. Lo que tengo claro es que es una de las mejores novelas que he leído en los últimos meses (y he leído unas cuantas).

“El tiempo de los emperadores extraños” pasará, con el tiempo, a convertirse en una de esas novelas de culto que hacen grande al género negro. Ignacio del Valle ha conseguido plasmar una visión “cuasipoética” en un ambiente del todo hostil como es el invierno ruso en la campaña alemana de 1943. Para ser más exactos, en Leningrado. Para rizar el rizo, en el ambiente de la División Azul.

Todo comienza cuando un grupo de “dicisionarios” descubre el cadáver de un soldado sepultado hasta la cintura en un lago helado, junto con decenas de caballos que han corrido la misma suerte. Todo hace suponer que se trata de un accidente, todo hasta que uno de los soldados, el encargado de custodiarlo hasta que lleguen los enfermeros, descubre que ha sido degollado. Y no sólo eso: en el pecho, grabado a cuchillo, le han colocado la siguiente frase: “MIRA QUE TE MIRA DIOS”.

A partir de ese momento la novela es un retrato del surrealismo de la guerra, donde la investigación del crimen se entremezcla con los intereses particulares de altos mandos, las vicisitudes de la guerra, la sombra de la masonería y todo ello en una carrera contrarreloj, ya que el frente de Leningrado se está rompiendo a pedazos día tras día.

El autor consigue hilar una trama bien argumentada, fresca (nunca mejor dicho) y, contra todo pronóstico, rápida. Si bien es cierto que esa rapidez no se aprecia en la cronología de la novela, ya que la primera mitad es estática, indagatoria, mientras que la segunda es frenética. Eso sí, una no desmerece en otra a ritmo: una lo tiene por la acción, y otra por la investigación en sí.

Si de algo adolece, por buscarle defectos, es de los dos pequeños puntos negros que he encontrado: el primero, la forma de resolver el caso, cosa de la que adolecen la mayoría de novelas de éste género, aunque en descargo del Ignacio del Valle diré que te va presentando las pistas poco a poco, pero con bastante ingenio te las va sepultando bajo montañas de datos, pruebas e indicios. La segunda es la sempiterna recurrencia a la masonería como uno de los hilos argumentales de la misma. También tiene su horma: en la época en la que está basada la novela la masonería, o mejor dicho, su persecución, estaba a la orden del día.

Donde gana fuerza “El tiempo de los emperadores extraños” es, sin duda alguna, con sus personajes. Bien creados, bien perfilados. Arturo Andrade, el protagonista, el soldado encargado de custodiar el cadáver y que hace el descubrimiento que luego le lleva a ser nombrado como investigador, va creciendo a medida que avanza la lectura. Incluso para aquellos que no hayan leído “El arte de matar dragones”, primera novela del autor en la que repite protagonista, como es mi caso, hacia la mitad de la misma tienes una idea perfecta o quasiperfecta de lo que es capaz el individuo.

Del Valle se ocupa en todo momento de volverse hacia su perfil psicológico, ya sea a través de reflexiones o de recuerdos. Así tenemos ante nosotros a un hombre que lo creía todo perdido pero que la vida le ha dado una segunda oportunidad, aunque esta signifique verse envuelto de nuevo en una contienda bélica. Sin embargo, no deja atrás del todo su pasado y eso le provoca la sensación de tener una vida prestada. Ésto unido al lugar donde se encuentra hace que algunas de sus reacciones sean contradictorias.  Pero también, su pasado y su presente son lo que motivan que siga hasta el final, hasta las últimas consecuencias, sin contar con otro objetivo que no sea descubrir la verdad.

Pero el protagonista, o la novela, no sería nada sin los innumerables personajes secundarios que aparecen en la misma y que, todos y cada uno de ellos, aportan su grano de arena para que la misma vaya a buen puerto. El Sargento Espinosa, a mi entender el mejor de ellos, con su ironía insaciable, su desengaño y su úlcera. El Cabo Aparicio con su juventud y desparpajo. El Pater Ramón y su moralidad fascista y ultracatólica. Octavio Imaz con su seguridad y aparente clarividencia. Ricardo Guerra y su increíble circunstancia y fatal condena. El mongol “Antonio”, Reyes-Zarauza, Navajas del Río, Alexandr, Zira, Hilde, “Tiro Liro”, “Don Esmirriado”.. e incluso Luis del Águila, el primero de los finados.

Buena trama. Buenos personajes. Quizás, si tuviera otra firma más en boga, el título desembocaba en película. De momento, sólo es una buena y apasionante novela.