Los hombres que no amaban a las mujeres

Los hombres que no amaban a las mujeres

 

 

 

 
Se había convertido en un acontecimiento anual. Hoy el destinatario de la flor cumplía ochenta y dos años. Al llegar el paquete, lo abrió y le quitó el papel de regalo. Acto seguido, cogió el teléfono y marcó el número de un ex comisario de la policía criminal que, tras jubilarse, se había ido a vivir a orillas del lago Siljan. Los dos hombres no sólo tenían la misma edad, sino que habían nacido el mismo día, lo cual, teniendo en cuenta las circunstancias, sólo podía considerarse una ironía. El comisario, que sabía que la llamada se produciría tras el reparto del correo, hacia las once de la mañana, esperaba tomándose un café. Ese año el teléfono sonó a las diez y media. Lo cogió y dijo «hola» sin más.

Valoración: 4.gif

Interesante. Muy interesante. A pesar de las últimas declaraciones de Donna Leon.

“Los hombres que no amaban a las mujeres” está agraciada con todos los ingredientes paa cocinar un buen best-seller, como así ha sido.

Es de suponer que a nadie le es ajena, a éstas alturas del partido, la trama de la novela. Mikael Blomkvist, redactor jefe de la revita “Millenium” acaba de ser cnçondenado a pasar una temporada corta en la cárcel porque en uno de sus reportajes realizó falsas acusaciones de corrupción, estafa, malversación y algunos delitos dehonrosos más, a uno de los magnates más poderosos e influyentes de Suecia: Hans-Erik Wennerström.

En esa tesitura, con su credibilidad por los suelos y la revista a punto de irse a pique, Blomkvist quiere desaparecer, pero recibe un encargo sorprendente: investigar la desaparición de Harriet Vanger, acaecida hace casi cuarenta años y nieta de otro de los grandes magnates suecos, ya venido a menos, Henrik Vanger, pero cuyo holding aún mentenía un peso epecífico en la economía del país. El asunto se maquilla de la mejor manera posible: un trabajo biográfico sobre la familia Vanger.

Como no puede ser de otra forma, en el trasncurso de la investigación, Blomkvist conocerá a Lisbeth Salander, una joven y extraña investigaadora que le servirá de mucha ayuda, en todos los aspectos.

La historia flojea poco. Lo justo. Sólo hay un par de detalles de esos que te hacen pensar un poco, de los que chirrían cuando no encuentras nada que suene como una máquina desengrasada.  Me estoy refiriendo a la “providencial” visita de su hija, y a la “innata” capacidad de percepción del protagonista cuando observa una fotografía tomada 40 años atrás. De cualquier modo, incluso ahí, el malogrado escritor sueco salva las dificultades con la típica creatividad de la casualidad y el oportunismo del momento.

Blomkvist aparenta una seguridad en sí mismo que en su fuero interno para nada tiene. Seguramente, su seguridad se asienta en su éxito profesional y en otro más de andar por casa: el sexual. Es ese dilema interno, o esa “ambieguedad” existencial, lo que le confiere el estatus de ser humano, cercano y real. Salander, por el contrario, e una persona extrema, capaz de lo mejor y de lo peor,  una personalidad que algunos psiquiatras sin duda calificarían de “border line” (término socializado gracias a James Mangold y a su “Inocencia Interrumpida”). Salander, por lo tanto, roza la irrealidad pero en ello radica el interés por el personaje y su expolación exhaustiva, superlativa en la novela. Quizás una sociedad que está carente de modelos, de héroes,  siempre anda a la caza y captura de uno, aunque no esté del todo en sus cabales.

Larsson es directo. No es demasiado amigo de dar rodeos a una idea si no es necesario en absoluto. En apariencia, tampoco gusta de ser demasiado descriptivo. Describe lo justo. Matiza lo justo. Las cosas pasan y ya está. El escritor convertido en el máximo exponente de esa cultura funcional sueca en la que nos ha inmerso de lleno la omnipresente empresa Ikea. Supongo que fué ese espíritu funcional a buscar us personajes en el mundo que conocía, donde las palabras cuentan hechos y cada palabra cuesta dinero: el periodismo, y sobre todo el de investigación.

Y tampoco es reflexivo en demasía. No hace un ensayo sobre la sociedad actual, ni sobre el cómo o el porqué de ésto y de aquello, ni busca que el lector haga esa reflexión. De nuevo, las cosas pasan y ya está.  Porque las cosas son así. Buca entretener de una forma simple y llana. En nuestro día a día, leyendo cualquier diario o periódico, cualquiera de nosotros encontramos los suficientes argumentos para hacer novela, y sobre todo negra. ¿No se iba a sentir tentado?.

Los ingredientes lo tenía delante de sus ojos. Sólo tomó una pizca de práxis, unas gotas de ambición y lo sazonó todo a fuego lento, bien condimentado con un poco de imaginación. “Las soluciones, creativas”, como solía decir un maestro mío, más veces de las que me hubiera gustado oir.

Larsson lo hizo. Y lo que cocinó se llama best-seller. ¿Para qué más?

- Si aquí ya no importan los vivos, imagínese los muertos.

La frase sin esperanza que le había dirigido meses atrás un oficial retumbó en la cabeza del sargento Espinosa como si hubiera sido pronunciada en el interior de una catedral. Minutos antes, su asombrada orden había hecho que, en un acto reflejo, el grupo de soldados se pusiera en pie cambiando precipitadamente las latas de carne y los cubiertos de condumio por máusers. 

 

El tiempo de los emperadores extraños

El tiempo de los emperadores extraños

Valoración: 4.gif

Apasionante.

Puede que sea por mi atracción natural hacia el momento hitórico en el que se desarrolla la novela. Puede que sea por cómo está escrita. Puede que sea por la misma trama. Puede que sea por los personajes, sus pasiones y circunstancias. O puede que sea por una combinación de todas las anteriores. Lo que tengo claro es que es una de las mejores novelas que he leído en los últimos meses (y he leído unas cuantas).

“El tiempo de los emperadores extraños” pasará, con el tiempo, a convertirse en una de esas novelas de culto que hacen grande al género negro. Ignacio del Valle ha conseguido plasmar una visión “cuasipoética” en un ambiente del todo hostil como es el invierno ruso en la campaña alemana de 1943. Para ser más exactos, en Leningrado. Para rizar el rizo, en el ambiente de la División Azul.

Todo comienza cuando un grupo de “dicisionarios” descubre el cadáver de un soldado sepultado hasta la cintura en un lago helado, junto con decenas de caballos que han corrido la misma suerte. Todo hace suponer que se trata de un accidente, todo hasta que uno de los soldados, el encargado de custodiarlo hasta que lleguen los enfermeros, descubre que ha sido degollado. Y no sólo eso: en el pecho, grabado a cuchillo, le han colocado la siguiente frase: “MIRA QUE TE MIRA DIOS”.

A partir de ese momento la novela es un retrato del surrealismo de la guerra, donde la investigación del crimen se entremezcla con los intereses particulares de altos mandos, las vicisitudes de la guerra, la sombra de la masonería y todo ello en una carrera contrarreloj, ya que el frente de Leningrado se está rompiendo a pedazos día tras día.

El autor consigue hilar una trama bien argumentada, fresca (nunca mejor dicho) y, contra todo pronóstico, rápida. Si bien es cierto que esa rapidez no se aprecia en la cronología de la novela, ya que la primera mitad es estática, indagatoria, mientras que la segunda es frenética. Eso sí, una no desmerece en otra a ritmo: una lo tiene por la acción, y otra por la investigación en sí.

Si de algo adolece, por buscarle defectos, es de los dos pequeños puntos negros que he encontrado: el primero, la forma de resolver el caso, cosa de la que adolecen la mayoría de novelas de éste género, aunque en descargo del Ignacio del Valle diré que te va presentando las pistas poco a poco, pero con bastante ingenio te las va sepultando bajo montañas de datos, pruebas e indicios. La segunda es la sempiterna recurrencia a la masonería como uno de los hilos argumentales de la misma. También tiene su horma: en la época en la que está basada la novela la masonería, o mejor dicho, su persecución, estaba a la orden del día.

Donde gana fuerza “El tiempo de los emperadores extraños” es, sin duda alguna, con sus personajes. Bien creados, bien perfilados. Arturo Andrade, el protagonista, el soldado encargado de custodiar el cadáver y que hace el descubrimiento que luego le lleva a ser nombrado como investigador, va creciendo a medida que avanza la lectura. Incluso para aquellos que no hayan leído “El arte de matar dragones”, primera novela del autor en la que repite protagonista, como es mi caso, hacia la mitad de la misma tienes una idea perfecta o quasiperfecta de lo que es capaz el individuo.

Del Valle se ocupa en todo momento de volverse hacia su perfil psicológico, ya sea a través de reflexiones o de recuerdos. Así tenemos ante nosotros a un hombre que lo creía todo perdido pero que la vida le ha dado una segunda oportunidad, aunque esta signifique verse envuelto de nuevo en una contienda bélica. Sin embargo, no deja atrás del todo su pasado y eso le provoca la sensación de tener una vida prestada. Ésto unido al lugar donde se encuentra hace que algunas de sus reacciones sean contradictorias.  Pero también, su pasado y su presente son lo que motivan que siga hasta el final, hasta las últimas consecuencias, sin contar con otro objetivo que no sea descubrir la verdad.

Pero el protagonista, o la novela, no sería nada sin los innumerables personajes secundarios que aparecen en la misma y que, todos y cada uno de ellos, aportan su grano de arena para que la misma vaya a buen puerto. El Sargento Espinosa, a mi entender el mejor de ellos, con su ironía insaciable, su desengaño y su úlcera. El Cabo Aparicio con su juventud y desparpajo. El Pater Ramón y su moralidad fascista y ultracatólica. Octavio Imaz con su seguridad y aparente clarividencia. Ricardo Guerra y su increíble circunstancia y fatal condena. El mongol “Antonio”, Reyes-Zarauza, Navajas del Río, Alexandr, Zira, Hilde, “Tiro Liro”, “Don Esmirriado”.. e incluso Luis del Águila, el primero de los finados.

Buena trama. Buenos personajes. Quizás, si tuviera otra firma más en boga, el título desembocaba en película. De momento, sólo es una buena y apasionante novela.

Hoy la casualidad me ha llevado a pasar delante del escaparate de una conocida librería de mi ciudad, y como podía mi trabajo podía prescindir de mis servicios durante quince minutos, he aprovechado para entrar y comprobar cómo está el panorama en cuanto a novela negra se refiere.

Con los 4,87 euros que portaba en mis bolsillos era harto complicado hacerme con ningún libro, pero el preciado tiempo que le he robado a la empresa me ha servido para localizar cinco novelas con las que algún día quiero hacerme y disfrutar de un buen rato de lectura.

El tiempo lo dirá, pero mientras tanto aquí está mi Perspectiva Negra de éste mes.

 

archiverolubianka

El Archivero de Lubianka

 

Interesante. O por lo menos lo parece a simple vista.

Y es que parece ser que Travis Holland, escritor afincado en Michigan, y del que sólo sabíamos que el género que había desarrollado era el relato, con gran éxito por otro lado, en ésta su primera novela encadena una prosa sencilla con una trama vibrante, poderosa y seductora.

O por lo menos es lo que dice la crítica.

“El Archivero de Lubianka” (The Archivist’ Story, en inglés), cuya trama se desarrolla en el Moscú de 1939, narra la historia de Pável Dubrov, antiguo profesor de literatura obligado a dejar la docencia y  hombre apesadumbrado por la pérdida de su esposa. Su ocupación actual: clasificar las obras de los escritores perseguidos, y allí encarcelados, para posteriormente destruirlas. ¿Dónde? En la Lubianka, nombre coloquial con el que se denomina a la sede de la policía política o NKDV en la época de Stalin.

La vida de este hombre cambiará completamente el día que debe interrogar a un prisionero para determinar la autoría de un relato inacabado, “La Caballería Roja”. El preso es el escritor Isaak Bábel.

Lo bueno del asunto: que está basado en un hecho real. Isaak Bábel, escritor de cuentos ruso, fue detenido y posteriormente ejecutado en ese edificio. Sin duda, despierta la curiosidad.

Defensa Cerrada

Defensa Cerrada

 

Con sólo nombrar a Petros Markaris está todo dicho.

Éste griego nacido en Estambul, en 1937, es uno de los grandes maestros del género, toda una leyenda viva para los amantes de la novela negra, a la que accedió a través de una de sus pasiones: Bertolt Brecht.

No es su última novela la que traigo aquí, pero todas se merecen un lugar. Su título, “Defensa Cerrada”. Como no podía ser de otra forma, está protagonizada por su desengañado Comisario Jaritos y como tampoco puede ser de otra forma, hace una crítica inteligente de la sociedad que nos ha tocado vivir.

La trama no desmerece en absoluto: un rico empresario ateniense, que responde al nombre de Dinos Kustas, conocida figura de la noche ateniense y propietario de un lujoso restaurante y varios clubs nocturnos, es asesinado de madrugada. A priori parece un ajuste de cuentas, pero Kostas Jaritos ve indicios de algo muy distinto.

A priori, leer ésta novela puede ser una buena inversión.

Caballeros

Caballeros

 

Mondadori reedita éste año un libro que tuvo bastante buena aceptación en su año de publicación, 1980, y que supuso el éxito (al menos en Suecia) para su auor, Klas Östergren.

Está claro que ese país escandinavo es cuna de buenos escritores de novelas de intriga y parece que el Sr. Östergren no es una excepción. Aunque cuenta con 16 novelas en su haber, varios premios y una trayectoria bastante importante como traductor de obras de Salinger, Ibsen o Baudelaire, es “Caballeros” su libro más celebrado (junto con su secuela, “Gánsters”, escrita 25 años después).

¿Y de qué trata la novela? Pues de un joven escritor llamado Klas (a la sazón homónimo del personaje), que se esconde en un apartamento de Estocolmo para salvar la vida, y allí comienza a escribir la historia de los habitantes de la casa: Henry Morgan, boxeador, pianista, compositor, barman y gentleman a la vieja usanza, y de su hermano Leo, poeta maldito, borracho y provocador político, frecuente inquilino de psiquiátricos. Y entre medias, un plan para robar el oro del Castillo de Estocolmo. Intrigante, ¿no?.

 

Pasado Perfecto

Pasado Perfecto

 

 

Es raro encontrar una novela de intriga que no se desarrolle en Europa o Estados Unidos, por lo menos lo es para mí (el pecado de la ignorancia, con total segurodad). Por eso me atrajo de inmediato “Pasado Perfecto”.

El culpable de ellos se llama Leonardo Padura, cubano nacido en La Habana en 1955, que con ésta novela inauguró su serie llamada “Las Cuatro Estaciones” y que se complementa con “Vientos de Cuaresma”, “Máscaras” y “Paisaje de Otoño”. Su obra ha sido traducida a numerosos idiomas y ha ganado, gracias a ella, numerosos premios en España, Francia y Austria.

El protagonista de todo esto se llama Mario Conde, teniente de la policía cubana, escéptico y desengañado, que es arrancado de su resaca para atender un caso urgente: Rafael Morín, jefe de la Empresa de Importaciones y Exportaciones del Ministerio de Industrias y compañero de colegio de la infancia del policía falta de su casa desde el Año Nuevo.

Poco a poco, Mario Conde irá desentramando la madeja de un caso que le enfrentará con su antigua amor, actual esposa de Morín. A todas luces, muy pasional, como en casa.

 

Niebla en el Puente de Tolbiac

Niebla en el Puente de Tolbiac

 

 

Y aunque parezca mentira, después de la colección de novelas apetecibles de arriba, una que ha entrado de lleno en mi lista de preferidas y quiero adquirir lo antes posible.

El padre de la novela negra francesa, por lo menos para algunos, se llama Léo Malet. Éste nativo de Montpellier, lo dió todo en sus novelas hasta su fallecimiento en 1996. A sus espaldas, éste poeta de vocación dejó más de una treintena de novelas de género negro, con las que alcanzón grán éxito entre sus compatriotas.

“Niebla en el Puente de Tolbiac” es una de las novelas que pertenecen a la serie “Les Nouveaux Mystères de Paris”, su ambicioso proyecto personal, y que está protagonizada por su inseparable detective privado Nestor Burma, personaje descarado, ex-anarquista y acérrimo fumador de pipa. La novela narra la historia de un atentado anarquista no cometido y de la traición a los ideales revolucionarios. El viejo anarquista Abel Benoit muere en el hospital debido a una extraña agresión, pero antes se pone en contacto con Burma, que investigará la vida del fallecido anarquista para resolver el misterio.

La ciudad, el ambiente, la revolución, el época… todo parece interesante a priori. Y el propio Malet sin duda lo es.

Y eso es todo amigos…

BCNegra'09El pasado lunes arrancó la semana más negra de Barcelona. Como cada año, y ya van cinco, BCNegra intentará trasladar a los habitantes de la ciudad condal el amor y la pasión por un género que en los últimos años se ha puesto muy de moda.

Mesas redondas, coloquios, conferencias, encuentros, intercambios de libros, emisión de películas son el pan nuestro de cada día durante las cinco jornadas que dura el evento.

 Cuatro son los platos fuertes que nos deparará ésta semana: la entrega del “IV Premio Pepe Carvalho” a Michael Connelly y a su inseparable Harry Bosch; el homenaje a dos grandes escritores, Leonardo Sciascia en el 20 aniversario de su muerte, y a Roberto Bolaño; homenaje a los redactores de “El Caso”; y la inauguración de un espacio público, una plaza, a Manuel Vázquez Montalban  en el distrito de Ciutat Vella, entre las calles Sant Rafael y la Rambla del Raval… no podía ser en otro sitio.

BCNegra

Además, el elenco de autores que pasará por la ciudad mediterránea no es para despreciarlo: Sue Grafton, Jake Arnott, Juan Madrid, Lorenzo Silva, Alicia Giménez Bartlett, Andreu Martín y un largo etcétera hasta completar los 70 nombres de la lista. Autores, alguno de ellos, que el sábado se tomará la clásica “mejillonada” en la “Librería Negra y Criminal”.

Dejo aquí anotados audiovisuales y algunos enlaces:

Sitio Oficial de BCNegra

Noticia en “El País”

Y el video promocional del encuentro. Esencia de las esencias…

El blog del inquisidor

El blog del inquisidor

 

 

 

 

 

 
Offline. Cada mañana, desde que despierto, mi vida no es más que el camino pedregoso que me conduce hasta esta palabra. Me levanto, me aseo, me visto, desayuno, a veces incluso compro el periódico o hago algún recado, pero esta prórroga de los preámbulos sólo sirve par agravar el dolor. Haga lo que haga para retrasarlo, acaba llegando el instante en que desde la pantalla me miran esas siete letras cargadas de negación y ausencia:
O-F-F-L-I-N-E. 

Valoración: 3.gif

Curiosa. Atípica. Incluso atrevida.

Aunque no es de las mejores novelas que he leído del autor, no se puede decir que me haya dejado indiferente. Ese voyeur ocasional que todos llevamos dentro, que nos hace leer la crónica rosa, que nos motiva a ver programas del corazón que más tarde negaremos ante un encuestador, juez o San Pedro si hace falta, es en definitiva el animal que me ha provocado llegar hasta el final de la historia. Y si además, mezcla el osbcuro pasado inquisitorial, miel sobre hojuelas.

Atrayente es el hecho de que Lorenzo Silva no reclame la autoría de la novela, o mejor dicho del texto. El primer capítulo, por decirlo así, es una nota aclaratoria del autor explicando que el texto estuvo colgado de una bitácora en Internet durante algunas semanas en octubre de 2007. Luego desapareció. Él se dedicó a darle forma y editarlo, exponiéndose a que su autora real pueda reclamar los derechos que se generen de la edición. Un poco de morbo para empezar no está nada mal…

La trama circula entre dos personajes, una mujer y un hombre, que se encuentran casualmente por Intenet. El motivo de su encuentro es el descubrimiento, por parte de la mujer, de un blog titulado “El Blog del Inquisidor”, que da título a la novela y que relata, a modo de diario, los sucesos ocurridos durante el proceso del Santo Oficio contra las monjas del Convento de la Encarnación de Madrid, sobre 1620. Y lo hace en primera persona, en la figura del inquisidor Diego Serrano.

La forma de relatar el proceso será lo que lleve a la protagonista a interesarse e intentar contactar con la persona que lo ha escrito. Cuando lo consigue, el encuentro, esta vez cibernético, cambiará su vida.

Los personajes se van descubriendo a sí mismos poco a poco. Mientras que la protagonista de la historia, una británica (creo recordar que escocesa), afincada en una de las Islas con las que cuenta nuestro país, y dueña de lo que parece una pequeña librería (en la que con toda seguridad venderán también prensa y quién sabe qué mas) va perfilando su personalidad en cada uno de sus encuentros a través del chat, su interlocutor, español, goza al encubrir su personalidad tras los personajes del texto que ha escrito, provocando en la mujer la necesidad de seguir el juego y descubrir quién se encuentra detrás del teclado y, sobre todo, porqué ha elegido aquella manera tan poco ortodoxa cómo medio para transmitir algo que no sabe muy bien lo que es, pero que con el paso de los días descubrirá que es su propia experiencia vital.

Lo interesante de la novela es que Silva coloca a dos internautas expertos, cada uno curtido en innumerables combates personales a lo largo de la vida, frente a frente y nos obliga a realizar una introspección sobre nosotros mismos y sobre las posibilidades que las nuevas tecnologías nos ofrecen para vencer nuestros temores, lanzar nuestro alegato al mundo, justificarnos o, mucho más simple, exteriorizar nuestros sentimientos. Y lo asombroso es que puede, o mejor dicho, seguro que hay alguien al “otro lado de la línea” escuchando, o en éste caso leyendo, sin nosotros saberlo. Y que ese “alguien” puede interactuar, y llegar a ser decisivo en nuestras vidas.

Es cierto. Cualquier blog aspira a ser leído y comentado por quien acceda a él. Éste mismo, sin llegar más lejos…

Fiel a su estilo, “El Blog del Inquisidor” es de lectura rápida. No sé hasta que punto ha respetado todos los puntos y comas del texto original, pero no creo equivocarme al decir que ha adaptado los diálogos a su personal estilo. Son cerca de 250 páginas que vuelan entre nuestros dedos.

Diego Serrano, Fray Francisco García Calderón, Teresa Valle de la Cerda, la británica, el español, y un auto acaecido hace cuatrocientos años en un convento de Madrid. La mezcla tenía buena pinta y no defrauda a quienes se atrevan con ella. Eso sí, siempre que no se busque a Bevilacqua y a Chamorro entre los textos. No están. Y con todo el respeto del mundo, ni falta que hace.

- Tú has sido el responsable de la muerte de mi hija. Tú has matado a Nikita… Ha sido culpa tuya, de no haber sido por tí y por tus ideas de dejarla que… – La mujer se echó a llorar, desesperada. Llevaba cuatro días llorrando ininterrumpidamente, desde que encontraron el cadáver de la chica en la bañera. La mujer, Sara, tenía los ojos hinchados, del color de canicas ensangrentadas.  

Muerte entre Poetas

Muerte entre Poetas

Valoración: 3.gif

 

Nacho Arán no es Hércules Poirot. Y no lo es por propia convicción de su creadora.

Algunas críticas ha señalado a “Muerte entre poetas” como una obra que recoge el espíritu de las grandes ficciones de Agatha Christie, pero para mí no es así. No por incapacidad, cuidado, que nadie me malinterprete, sino porque, desde mi punto de vista, no fue concebida así.

Ángela Vallvey, en ésta su última novela, toma prestado de la dama del misterio inglesa su típica puesta en escena: un lugar, en éste caso una finca a las afueras de Toledo (El Cigarral de la Cava), una reunión de personas en dicho lugar (en éste caso, poetas) y un asesinato. El resto es cosecha de Vallvey, que, por cierto, y bajo mi punto de vista, aprueba con nota.

La trama es la siguiente. Nacho Arán, meteorólogo de profesión pero poeta vocacional, con un par de libros autoeditados, recibe una invitación a participar en una reunión de poetas en una finca de Toledo, con el único tema en común de realizar una ponencia sobre la vida y obra del difunto marido de la anfitriona y organizadora, Doña Agustina, a la sazón también poeta. Por motivos laborales, Nacho no puede asistir a las dos primeras jornadas. La casualidad quiere que el día antes de incorporase a la reunión uno de los invitados, Fabio Arjona, sea asesinado. Nacho, detective aficionado (incluso tiene una web llamada “El Club Baskerville” a través de la cual resuelve misterios con la ayuda de los internautas y de un muchacho en su adolescencia en su punto más álgido) se irá convirtiendo poco a poco en el confidente de la mayoría de los allí presentes, descubriendo que la mayoría de ellos tenían cuentas pendientes con el finado, algunos bastante graves, tanto como para matar.

Vallvey ha hecho un buen trabajo con los personajes, algunos de ellos bastante buenos.  El protagonista, Ignacio o Nacho, es un hombre a medio hacer, es decir, con bastantes pocas experiencias vitales en su haber. Meteorólogo de profesión, la poesía es su verdadera debilidad, a la que se abandona con frenesí en menos ocasiones de las que le gustaría, pero en más de las que su sentido común le dicta. Un soñador entrado en la treintena que ve cumplido parte de sus sueños cuando es invitado a esa reunión de poetas, muchos de ellos admirados por él.

Sin embargo, es un hombre de una intuición sagaz, sin duda alentada desde pequeño por su tía Pau, con la que comparte muchas de sus aficiones, incluida la de desarrollar “El Club Baskerville”. La tía Pau será, a lo largo de la novela, su conexión con el mundo exterior, al igual que lo será Rodrigo, su adolescente y tecnólogo ayudante (como no podía ser de otro modo, la juventud y el ordenador cabalgan juntas en el mundo en el que vivimos) .

Encontramos a su vez secundarios de lujo, siempre rogando que nos perdonen Rodrigo y la tía Pau. Yo resaltaría tres de ellos. Fernando Sierra, poeta autoexiliado, que se convertirá en el compañero de fatigas del protagonista, muy a su pesar; Doña Agustina, anfitriona del encuentro, que aporta a la narración ese aire de continua y misteriosa inquietud que la novela necesita; y Rocío Conrado, la más jóven de las invitadas, con una arrogancia y fortaleza que sólo puede imprimir su edad, pero que esconde una fragilidad que bien podría acabar con ella.

Hay que agradecer a la autora el que haya dotado a “Muerte entre poetas” de tiempos justos. En general la novela es rápida, ágil, lo que facilita su lectura, y en los momentos de soledad reflexiva del protagonista es cuando ralentiza un poco más la acción, lo que es lógico, por otra parte, ahondando en recuerdos y quizás exagerando un poco las descripciones de algunos momentos. Pero en ningún caso sobran.

Quizás donde me ha desilusionado un poco, utilizando “desilusionar” en su interpretación más leve, sea en resolución del misterio. El motivo nos lo imaginamos casi desde el principio, por más que se esfuerce en argumentar que todos los “actores” del misterio tenían cuentas pendientes con el asesinado. Lo que no sabemos es quién lo ha cometido, cosa que podemos imaginar hacia la mitad del libro, y que sólo el deseo del lector de descubrir nuevas pistas y de dar un giro sorprendente al caso mantiene la ilusión al 100%. En su descargo diré que plantea dudas, y que esas dudas son muy razonables hasta el último capítulo.

Como punto final, sólo comentar que es un buen libro, quizás no una obra maestra, pero sí una novela que deja un buen sabor de boca al acabarla. Espero que os haya gustado, si la habeis leido. Si no es así, ya se sabe que para gustos están los colores.

En éste blog también hay espacio para la novela hitórica y de aventuras, así que nos vamos a por una de romanos.

Fiel a su disciplinada obsesión de lanzar al mercado una nueva novela de su saga de Quinto Licinio Cato cada año, para regocijo de sus admiradores, Simón Scarrow, el profesor, acaba de publicar “Centurión”, a la sazón, su octava novela basada en las tribulaciones de un soldado romano por todos los confines del Imperio.

Como en las anteriores novelas, ha sido la editorial Edhasa la encargada de acercar este trocito de Roma a nuestras librerías y se le augura tan buen sabor de boca como las novelas anteriores.

Cierto es que si alguien piensa que escribir una novela por año manteniendo los criterios de calidad es casi imposible, Scarrow se encarga de demostrarle que está equivocado. Se puede decir incluso que no revienta la gallina de los huevos de oro en que se ha convertido su “Eagle Serie” sino que la reinventa, la fortalece. “Centurión”, la última de la saga, es todo un Best Seller en el Reino Unido.

Portada de la novela "Centurión", de Simon Scarrow

Portada de la novela "Centurión", de Simon Scarrow

Como escueta introducción de la novela, el protagonista, Quinto Licinio Cato, y su inseparable Macro deberán guiar una tropa a un pequeño reino en medio del desierto, Palmira, que está siendo atacado por Partia. Las cosas se complican nada más empezar: son pocos, en un territorio que desconoces y no tardan en darse cuenta de lo peligrosos que son los Partos.. Además, se cree que hay un traidor entre las filas romanas.

La virtud de Scarrow reside en la agilidad de la narración y en el realismo de sus novelas. Cualquier lector se sentirá inmerso en la batalla, oliendo la rabia y el miedo de los combatientes, lo que es un acierto del profesor Scarrow. Pero además, en “Centurión”, parece ser que su gusto por el realismo alcanza cotas muy pocas veces vista en la literatura histórica.

Y eso, sin lugar a dudas, es un pilar fundamental de su éxito. En su tierra le han comparado con grandes escritores de novela histórica. Pero como todo el mundo sabe, las comparaciones son odiosas.

Scarrow, es y seguirá siendo Scarrow